Un joven sentado en el banco
negro toca las teclas del piano con la sublime delicadeza de las caricias
efímeras, la postura es rígida y la expresión denota extrema concentración. La
partitura que descansa en el atril del instrumento tiene el título de una pieza
clásica Für Elise, de Bethoveen. Mientras sus dedos se mueven delicadamente en
posturas apenas definibles él piensa en el último invierno que pasó en la
ciudad capitalina al lado de sus abuelos.
Minutos antes del concierto recibió la noticia del fallecimiento de la abuela. El escaso público aplaude, ya de pie agradece con una leve inclinación y vuelve a su posición anterior. Da vuelta a la página e inicia otra pieza. Sin intención regresan los recuerdos como un asalto repentino. Muchas veces se ha preguntado sobre lo simultáneo entre el piano y sus memorias, y le ha sucedido, que frente al cuestionamiento, se haya en una especie de despertar que resienten sus dedos con un leve error en la línea melódica de la pieza en curso.
Pero hoy no se cuestiona, sólo le parece que él esta despertando el sonido en esta gran caja musical. La música hace salir las imágenes que se mueven con la gracia de una bailarina de ballet y tiene la certeza de que esta sensación es compartida, todos los presentes han activado también su memoria y se encuentran entre pequeños diálogos con los inquilinos de sus recuerdos. Ama la música y sobre todo, ama la caja musical.
La hermosa caja musical a la que refiere nuestro protagonista fue inventada en 1698 por Bartolomeo Cristofori. El primer modelo fue terminado en 1709 y se presentó con el nombre de ‘gravicembalo col piano e forte’, es decir, clavecín con suave y fuerte. Como dato es interesante saber que en aquel tiempo el clavecín no permitía tonos suaves o fuertes (piano o forte), así entendemos la inquietud del fabricante y el nombre actual del instrumento.
Según la Real Academia Española, como adjetivo la palabra piano en una interpretación es la gradación suave y poco intensa; en las partituras señala al ejecutante un pasaje ejecutado con esta gradación. Coloquialmente lo usamos de forma muy cercana al significado formal y decimos, poco a poco a paso lento.
Cuando el pianista terminó el concierto el mecanismo de la caja musical se averió. Las visitas se marcharon a sus habitaciones en algún rincón de la memoria y él regresó casa a preparar maletas para tomar un vuelo a la capital del país. Le daría un adiós aparente a la abuela, aunque sabía muy bien, que seguiría viéndola cada que la caja musical abriera la tapa de la memoria.
