jueves, 28 de febrero de 2013

La palabra música




“Hagamos juntos que el canto suene”
Carlos de la Cruz


Recuerdo la película Músico, Poeta y Loco, donde Tin tan (protagonista de la historia) le explica a una mujer el origen de su sobrenombre, como una abstracción de ritmo y musicalidad. La mujer contesta: “¿es usted pura música?”, y él, con rostro de ocasión contesta “órale carnalita, no se mande”. El uso al que hace alusión el personaje era un adjetivo peyorativo propio de los barrios en la Ciudad de México durante los años 50’s , y se le adjudicaba a aquel individuo que hablaba más de la cuenta o decía tener lo que no poseía.
 
Me ha parecido siempre curioso y simpático este uso que antaño se le daba a la palabra. Si alguien embelezaba el oído con imágenes hermosas y al final resultaban ser sólo eso, se limitaban a decir “¡qué música!”, como una canción que transmite emociones diversas y al final, te deja en el sitio de inicio. Cuantos recovecos tiene el lenguaje popular. Espero que en futuras entregas tenga más oportunidades de ahondar en ello, por lo pronto, continuemos con nuestra palabra mágica.
 
Conocido el adjetivo, pasemos al sustantivo, la música como expresión artística sonora de infinita belleza (para quienes son capaces de apreciarla). La palabra del latín musica, con el mismo significado y este del griego μουσική (musiké), que por último proviene de  μοσα (mũsa), que significa "musa". Y musa, por supuesto se refiere a las musas que a decir de la mitología eran ninfas engendradas por Zeus y Mnemóside o Urano y Gea según sea la versión. La literatura nos menciona nueve: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Érato, Polimnia, Urania y Calíope.
 
Ya dentro de la mitología griega, recordemos a Orfeo, que desciende al inframundo en busca de su amada Eurídice. El enamorado logra ablandar el  corazón de los demonios con sus hermosas melodías, apaciguar los ánimos de las bestias, distraer los ánimos. Pese a todo él y su amada tienen un final funesto. ¿Habrá pensado alguien que Orfeo era música? ¿Qué embelezaba a los demás con su discurso sonoro? No lo sabemos, por lo pronto, quedémonos con esta historia de amor profundo entre Orfeo y Eurídice, pensemos en la historia acompañada de la música que enamore a nuestro corazón y sólo así podremos hablar de música, pues no puede leerse. Debe sentirse, escucharse.

2 comentarios:

  1. Que bonito texto, tan bien llevado. Felicidades.
    Lo que me lleva a reflexionar que: la belleza, con cuantas formas se presenta, de cuantas maneras nos enamora, nuestros de sentidos se doblegan, nuestro espíritu se reconforta ¿Quién no se ha visto tentado en querer poseerla?

    Que orgullo tener una amiga tan talentosa.

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  2. Algo de poder debe reservar la belleza, si no ¿por qué esa necesidad humana de poseerla? Interesante Carlitos.

    Abrazo!

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