jueves, 30 de mayo de 2013

Ceguera


Un oftalmólogo pierde la vista por una ceguera contagiosa que invade la ciudad a modo de pandemia, la ceguera se esparce irónicamente como una veloz claridad lactosa (o al menos, eso es lo que dicen ver los afectados, un color blancuzco parecido a la leche),  los enfermos son llevados a sitios apartados para evitar el contagio. En unos meses la velocidad con que se propagó la enfermedad y la inexperiencia frente a un problema semejante, resultan en lo inevitable: la ciudad se haya devastada, la pandemia ha dejado bosquejos de individuos que defecan en las calles por las que transitan torpemente, apenas huelen un alimento y se dirigen como animales en un mundo de clara oscuridad guiados únicamente por el olfato. En esta penumbra hay una mujer que lo ha visto todo porque la enfermedad nunca le afectó, se trata de la esposa del oftalmólogo que, repentinamente se ha convertido en su enfermera, su guía, su salvadora, la de él y la de todos los demás del grupo creado de forma repentina.
 
La mujer siente que todos dependen de ella, y es ante la situación, la protagonista de la historia que corresponde a la obligación impuesta con paciencia, entrega, y algo parecido a la felicidad… al final de la narración de José Saramago, nuestro ángel personificado por una ama de casa ve como uno a uno recobran la vista mientras ella vuelve al silencio, como si pensara, ahora me toca a mí estar ciega.
 
Esta que me parece una de las más bellas metáforas sobre la multiplicidad de significados de la palabra Ceguera, entraña una realidad ineludible, existen un sin número de grupos que permanecen en la oscuridad, en la más terrible ceguera, en el olvido. Así, El ensayo sobre la ceguera de Saramago nos relata una historia tremenda con una profunda tesis para aquellos que aún no están vedados de la vista. Los grupos olvidados o mejor aún, los individuos, las personas, para dejar del lado esta idea de la masa, porque al final, se trata de un ama de casa como la historia, un hermano, la abuela, un amigo, sumergidos en el olvido, en la oscuridad, en la ceguera.

 
 

 
Pero la ceguera va más allá con la idea de Cupido, Dios romano del amor que permanece con los ojos vendados y comparte su invidencia con la justicia pues se dice que  "el amor es ciego" y la justicia también lo es; de igual forma se la relaciona con la Avaricia y el Destino o Suerte, todos estos atributos o defectos iban acompañados de una buena dosis de ceguera.
 
La ceguera en sentido figurado nos sumerge como un chapuzón a un mundo diferente del conocido, donde las formas, si se aprecian, tienen una tendencia al engaño, a la falacia. En un sentido literal sabemos que retrata la pérdida del sentido de la vista que nos guiará a la  temida… ¿oscuridad? Quizá aquí sería importante hacer hincapié de la relación errada que históricamente se ha hecho entre la oscuridad y la ceguera, o quizá depende de la particularidad del caso. Jorge Luis Borges, por ejemplo, habla de su ceguera con un color predominante: el amarillo, color claro que difícilmente podríamos adherirlo a la oscuridad.
 
De vuelta a la metáfora quizá haya personas que sufren no de la incapacidad pero sí del encierro en la penumbra, la falta de aprecio y reconocimiento de los demás. Abramos bien los ojos y encontraremos si bien nos va a no menos de una persona inmersa en esta invidente soledad.

2 comentarios:

  1. Muy interesante tema, pero tu párrafo final, me pareció hermoso.

    Hace ponderar acerca de lo que nos podemos llegar a perder, por no iluminar adecuadamente esa obscuridad que pensamos insondable y que se ilumina cuándo, como dices apreciamos y reconocemos a los demás.

    Un abrazo hermosa.

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  2. Muchas gracias por el comentario y por las adulaciones inmerecidas, eres un gran amigo.
    Te envío un abrazo!

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