Qué habrá motivado al primer
artista a realizar una fuente, sería quizá la necesidad de abstraer la belleza
de una cascada, o quizá simplemente la belleza luminosa del agua cayendo a
chorros en diferentes matices luminosos como cristales de colores apenas
definibles. Una fuente en sus diferentes formas y tamaños contiene la belleza
simple del agua en movimiento, subiendo o bajando, moviéndose de un lado a otro
en una fuga feliz de colores y líneas de formas variadas.
La palabra Fuente tiene múltiples
acepciones, la obra arquitectónica arriba referida; manantial de agua que brota
de la tierra; aparato o artificio con que se hace salir el agua para ser
distribuida; plato que se usa para servir alimentos y otros significados entre
los que no encontramos el tipo de letra que será utilizado al realizar un texto
en una computadora, este uso, relata Ricardo Soca, es resultado de una
confusión en la traducción de ‘font’, palabra que llegó al inglés proveniente
del irlandés antiguo ‘fans’, que a su vez procede del latín ‘fons’, ‘fonti’.
Esta palabra tiene la acepción de
carácter tipográfico en el inglés, no así en el español, sin embargo nos ha
llegado esta traducción errónea gracias a los paquetes de edición de texto para
computadoras. Lo correcto en este caso es hablar de tipos, aunque personalmente
prefiero denominarlos estilos tipográficos (denominación que, aclaro, quizá no
sea del todo correcta).
Algo tendrán las fuentes que
invitan a detenerse mientras nuestros ojos siguen las figuras buscando la paz que sólo
las cosas simples nos conceden.

Buscar y encontrar el origen de las palabras, debe ser tan estimulante como encontrar a ese hijo que se nombra, pero que aun no hemos visto su faz.
ResponderEliminarBello lugar en el cual se pone apellidos a esos hijos.
Un abrazo, Elisa.
Emilio.
Muchas gracias Emilio, años sin poder saludarte. Gracias por visitarme en este espacio. Va de regreso ese abrazo!
ResponderEliminarSiempre al hablar de fuente, viene a mi la imagen de una que visité a la que arrojabas monedas, para que un deseo se cumpliera, no recuerdo qué pedí o si se cumplió, seguramente no.
ResponderEliminarPero el sonido del agua me parece hipnótico y si además le adorna una bella escultura es doblemente placentero.
Y en otro orden de ideas, es muy cierta, esa absurda tendencia de querer abusar de la morfología de las palabras para generar una semántica, estos falsos cognados, barbarismos puros, paupérrimo despliegue del conocimiento del idioma.
Sería interesante saber si efectivamente se realizó el deseo, tal vez se cumplió pero por costumbre u omisión lo adjudicaste a los extraños designios de la Providencia (parafraseando a Julio Cortázar en uno de sus extraordinarios cuentos cortos).
EliminarMuchas gracias por el comentario, pero sobre todo gracias por leerme, siempre es un privilegio contar con tus comentarios aunque pareciera que el universo y mi mala memoria confabulan para no siempre poder contestarlos. Abrazo!