Y al final de la carta escribió: Me voy para que nunca me olvides
Pedro Guerra en la canción “El
Marido de la Peluquera”, nos narra la historia de Matilde, una mujer que se
tira al río pues no puede vivir con el temor infundado de perder a Antuán. Él,
que la amaba con el calor del deseo concluye la canción: “te estaré recordando
por siempre Matilde que tú no te has ido”, por siempre dice Antuán, por
siempre.
Me parece que los recuerdos
habitan en nuestra memoria como un inmenso entramado de habitaciones, los
pasillos son inmensos y las puertas permanecen cerradas. Creemos que nosotros
decidimos qué puerta abrir y en qué momento, pero algunas veces, los olores,
las palabras, los sentimientos, nos llevan irremediablemente a esas puertas que
se abren arbitrarias ante nuestros ojos y nos hacen sonreír emocionados o
perdernos en el dolor de un suceso aciago. Antuán perdió a Matilde, se marchó
sin regreso, quizá alguna noche Antuán como Pablo Neruda miró la noche inmensa,
más inmensa sin ella…
Sobre la ausencia podemos decir
que etimológicamente su raíz deriva del participio ‘absens’, ‘absentis’
(ausente), del verbo ‘abesse’, un compuesto del verbo ‘esse’ (ser o estar), con
el prefijo ab- (alejamiento, separación). Además, la Real Academia Española y como
simple dato anexo pues no creo que necesitemos tantos detalles sobre el
significado, nos dice que es la falta o privación de algo (o alguien,
agregaría).
Sin embargo la habitación está
ocupada, el recuerdo está allí esperando ser visitado. Matilde está sentada en
una rústica mecedora de cedro, se mira las uñas, se arregla el peinado, Antuán
la visitará muy pronto, cuando esté triste, desolado, y la ausencia física de
Matilde se haya esparcido por todos los rincones de su vida, cuando la realidad
lo haya quizá destrozado. Entonces correrá a la habitación del recuerdo donde
se haya Matilde, revivirá un amor bello y dulce, le jurará nuevamente amor
eterno mientras bailan juntos en un sala llena de otras parejas que en la
imagen de Antuán no tienen importancia, sin rostro, sin voz ni particularidad
alguna. Ellos son personajes terciarios de la historia, pero Matilde, ella es
perfecta, recuerda su olor y su tacto, la belleza de su piel y sus ojos
temerosos y enamorados. Otra vez vivirá la noche que la pidió por esposa,
recordará su expresión y sus palabras. Recordará su pudor inusitado, sus ojos sonrientes
y la música de sus zapatos.
La recordará en junio y julio,
todos los días de cada año. La recordará siempre porque esa fue su promesa…. si la vida nos da permiso, la
ausencia no lo es del todo.



