jueves, 18 de abril de 2013

Rebelde


La Real Academia de la Lengua establece cuatro acepciones para la palabra Rebelde “aquel que, faltando a la obediencia debida se rebela”; “que se rebela u opone resistencia”; “dicho de una enfermedad, resistente a los remedios” en Derecho aquel que incumple una orden del juez.
Un buen amigo oftalmólogo revisaba el estado de mis ojos mientras conversábamos de literatura. El consultorio es amplio con una pequeña biblioteca a la que acudió en busca de un libro (ambos tenemos afinidad por la literatura). Al dirigirse a la esquina donde se encuentran los estantes en la habitación rectangular pude ver su pantalón de cortes diagonales que simulaban hendiduras como los jeans de un personaje que se rebela contra la solemnidad de su profesión (la medicina).  Así, inspirada en la situación anterior, me decidí a indagar sobre el adjetivo, usado también como sustantivo: ‘rebeldía’.
¿No nos llamaron alguna vez ‘rebeldes’ porque desobedecíamos las órdenes paternas? Al escucharlo hacíamos muecas de molestia pero lo cierto es que nuestro corazón se hinchaba de algo parecido al orgullo. La rebeldía es quizá lo más parecido a la diferencia,  a la resistencia a las normas sociales, a la búsqueda de los ideales que nos regresan a la armonía del empático sentimiento de “humanidad”, de pueblo, y nos alejan de la masa que es incapás de conocer los sentimientos del otro. El ausente Mario Bennedetti dice “por tu rostro sincero y tu paso vagabundo, por tu llanto por el mundo, porque sos pueblo te quiero”, mientras nos narra un amor de dos que, a mi parecer, son unos rebeldes que se guarecen del mundo creando uno propio.
El vocablo viene del latín ‘revelis’ que se forma a partir de la raíz ‘bellum’ (guerra) con un prefijo re-, que marca un movimiento regresivo, reiterado o intensivo. De ahí que rebelde sea aquel que se vuelve de forma guerrera contra un poder o autoridad establecidos de cualquier naturaleza. Y rebelión sea la acción o resultado de su acto.
Omar Cabezas en su libro “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”, ilustra con palabras la realidad de la Nicaragua de fines de los 60 y principios de los 70, los jóvenes y el canto unísono de una situación que no podía permanecer más en el silencio. Movimientos de este tenor estaban en Cuba (que fue quizá la cuna de la esperanza), Chile, México, Argentina, cada  país lo vivió en su propia época y con realidades definitivas. Latinoamérica en llamas y en las letras surgía un movimiento que ‘revolucionaba’ las expresiones anteriores: El Boom literario.
Las rebeliones son, en su mayoría,  el discurso de un pueblo hambriento, inconforme. Isabel Allende en su novela “La isla bajo el mar”, nos lleva de la mano por la historia de Zarité Sedella, una esclava de corazón rebelde que alcanza la libertad treinta años después de vivir una vida que, hasta entonces no le pertenecía. La mitad de la trama se desarrolla en Saint Domingue, hoy Haití, donde los amos de Zarité huyen por la rebelión de los negros. La protagonista, joven mulata de hermosos rasgos, vive su propia rebeldía en perpetua lucha contra su sino, en perpetua lucha contra lo que debía ser la vida de una mujer de color en esas regiones de nuestro continente en el siglo XVIII.
Si la rebeldía nos permite luchar contra lo establecido teniendo  como bandera la expectativa de un corazón sensible y un espíritu libre, quiero conservarla, aún con el paso de los años, los hijos, el trabajo, las deudas. Pero no en la penumbra donde el pensamiento ya no asoma. Quiero mantenerla en un lugar privilegiado para que se vea reflejada en mis acciones.

1 comentario:

  1. Tienes mucha razón, yo también veo con suspicacia a ese apoltronamiento, al que llaman "sentar cabeza" quizá por eso todo lo resuelvo dentro de un marco establecido pero "a mi manera".

    Salud por esas almas rebeldes que libran de la monotonía, de un letargo asfixiante a este mundo.



    ¡VIVA LA REVOLUCIÓN!

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