jueves, 4 de abril de 2013

Esperanza (o la Penélope contemporánea)

La madre espera a los hijos en casa, no tiene esposo, se marchó con una mujer más joven. La mujer ha hecho el almuerzo, el aseo, ha lavado la ropa e incluso se detuvo a charlar con Don Jorge, el intendente del edificio. Ayer hizo verduras con pollo, hoy recordó aquello que escuchó en un programa matutino sobre las bondades del pescado y se decidió por un salmón con ensalada. Mientras limpiaba las flores sintéticas de la mesa de centro pensó en una sopa de habas para el almuerzo del día siguiente. Se acomodó en el sofá un instante pero notó que el espejo ovalado de la pared estaba inclinado. Lo acomodó y miró su cabello, un nuevo corte estaría bien, le preguntaría a sus hijos que no tardarían en regresar de la escuela. Pensó que tarde o temprano, el esposo también regresaría.
 
Si los Griegos edificaron los estereotipos como categorías que aún los psicólogos utilizan, recordemos La Odisea, máxima obra literaria de esa civilización atribuida a Homero y que data del 750 a. C. En esta obra se narra la historia del rey de Ítaca, Ulises, que vive numerosas desventuras para regresar a su tierra natal donde lo aguarda la  fiel Penélope, imagen por antonomasia de la espera. Joan Manuel Serrat retoma la historia en la canción cuyo título es el nombre de la heroína, en este caso una Penélope contemporánea, que ha cambiado la corona por un vestido de domingo, zapatos de tacón y bolso de piel. Penélope la loca que se ha perdido en los laberintos de su cabeza y sonríe “con los ojos llenitos de ayer”.
 
La palabra ‘esperanza’ viene de esperar, del latín ‘sperare’ (tener esperanza), y esta de ‘spes’ (tener esperanza). Cuando uno espera a una persona, tiene la esperanza de que tarde o temprano llegará.
 

No se trata de esperar el café, al médico, el futbol o el jaque en un juego de ajedrez, sino una espera emocional, una espera que históricamente ha protagonizado el sexo femenino. Virginia Woolf habla de mujeres voluntariosas, con una cierta ansiedad que me ha parecido siempre una espera. Las mujeres activas, que evaden sus consabidos vacíos, en realidad ‘esperan’ que algo suceda. Otro hermoso dato de esta bella palabra es que ‘espera’, es un sustantivo femenino y entonces hablamos de La Espera.
 
Como verbo, y siguiendo con el tono melancólico, no puedo evitar usar un fragmento del cuento Todos Los Fuegos El Fuego del genial escritor argentino Julio Cortázar. Una mujer llama a su ex pareja (quien ya tiene una relación), y él la trata con una indiferencia que raya en la molestia, lo enfada su llamada y que no comprenda que las cosas entre ellos han terminado. Julio Cortazar dice que la mujer se haya “en el infierno confortable” no sabe qué decir, y, prácticamente no dice nada, cosa que hace que él se enfade aún más… desde mi personalísima lectura (si se me permite el término) la conversación telefónica tiene implícita un susurro: “espera”… quizá “espera, no cuelgues, yo sigo aquí, te espero”. El fantasma de Penélope aparece para apropiarse de lo que le pertenece.
 
Pero no todas las esperas son fatales, después de todo Ulises regresa con Penélope, y aunque ella no lo conoce en un primer momento, basta que él describa detalles de su primera noche juntos para que lo recuerde. Sin importar la mitología o la historia, lo cierto es que todos esperamos algo, aún emocionalmente. Un abrazo, una llamada telefónica, un mensaje, una palmada en el hombro, un beso en la frente, un “gracias”, una sonrisa. Un amor que llegue y no se marche a luchar  sus batallas, un amor que no deje a Penélope fiel contando las hojas que caen de los árboles en el invierno, mientras piensa en el menú de la semana, el aseo de la casa y en un nuevo corte de cabello.
 

2 comentarios:

  1. Cavilando sobre tu texto, inevitablemente, viene a mi ese lugar común "la esperanza muere al último".

    Cliché, que intenta, explicar ese ardor, la pequeña llama que mantiene el corazón , que no se resigna al vació, capaz de obnubilar, la razón y los sentidos. Embrujo capaz de mantener la vida, capaz de esperar por el amor.

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  2. Y no sólo por el amor, también por un mejor trabajo, por la aceptación o la relización personal. Pareciera que todos esperamos por algo. Muchas gracias por el comentario Carlitos, te envío un abrazo.

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