miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Magia


 
“Abra cadabra, opus copus,
abra capocus, opus cadabra” BB

En la serie de cápsulas televisivas denominada Imaginantes, José Gordon nos narra a propósito del libro El Mago de César Aira: “En la ciudad de Panamá se lleva a cabo una convención de ilusionistas, entre ellos se encuentra un mago argentino que tiene un secreto que ha ocultado por más de veinte años, es un mago de verdad {…}cuando por fin se decide a dar a conocer al mundo que él era un mago auténtico, tuvo un grave problema, carecía de imaginación, no se le ocurrió nada para encender la mirada del público. Esto nos cuenta César Aira {…} que nos habla de la verdadera magia perdida, la distancia entre el potencial que tenemos y lo que somos capaces de imaginar.” ¿Cuál es entonces la relación entre magia e imaginación?
El vocablo ‘mago’ es antiquísimo, data del griego(magw / mágo), cultura que llamaba así a los que entre los persas se dedicaban a interpretar los sueños y al brujo que en otros pueblos practicaba la medicina. Los magos favoritos en mi generación, Los reyes magos, eran sabios que estudiaban la realidad para denominarla, intentaban hallar en el cielo lecturas de lo que ocurriría en la tierra. También, en alguna época, se les denominó magos a los alquimistas, disciplina filosófica que combinaba, entre otras, la química, física, metalurgia y medicina.
A propósito de los alquimistas recuerdo a Melquiades, gitano que fascinó a los Buendía en Cien Años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez con sus descubrimientos asombrosos que saturaban la imaginación de los lectores ávidos de esa magia que se desbordaba incontenible por las páginas de la fascinante novela, magia que caía a chorros como calló el fuego desde el piso quinto del número 47, del Paseo de la Castellana, en el cuento La luz es como el agua del mismo autor. No es casualidad que el nobel de literatura sea el precursor del denominado “Realismo Mágico”.
Otro destacado representante fue el mexicano Juan Rulfo con su aclamada novela breve o cuento largo –al parecer, los literatos aún no se ponen de acuerdo–, Pedro Páramo, donde el escritor nos presenta conversaciones entrelazadas de voces lúgubres en ambientes inciertos que con palabras forman la magia de una de las obras literarias cumbres de la literatura contemporánea en nuestro país.
Cuando alguien hace magia la reacción primaria es la sorpresa, y todos los días me sorprende un acto de magia pura: unos ojos inesperados, un bebé atónito con el movimiento de sus propios dedos, la música y su inyección de humores cambiantes, el balde de agua fría del amor insospechado, mi hermana con sus confesiones sonámbulas a las paredes, el pequeño martillo que golpea las cuerdas en el piano, los colores de la vida… Con un poco de imaginación, hay magia en todos lados.

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