miércoles, 21 de agosto de 2013

Hacer el amor


¿Qué sucedería si llego esta tarde a casa y le digo a mi madre que alguien pasó el día haciéndome el amor? La primer opción es que me dé una bofetada con tal entusiasmo que me haga descubrir nuevas dimensiones del pensamiento; la segunda es que eche mis cosas a la calle en un hermoso concierto de prendas voladoras y la tercera, sin ánimos de dramatizar, es que con lágrimas en los ojos me diga que esa es una buena oportunidad para atrapar a un hombre y por fin hacer una familia propia (muy a mi pesar,  la tercera es más probable).
 
Si retrocedemos un siglo a nuestro tiempo, nos toparemos con la hermosa sorpresa de  que a las señoritas como yo, no se les caía una sola pestaña o escurría una nimia gota de sudor cuando decían “mamá, Juan pasó la tarde haciéndome el amor”, por el contrario, era motivo de triunfo femenino. El porque es muy simple, en aquel tiempo la expresión aludía a cotejar, a decir palabras hermosas a la persona que nos provoca un interés genuino.
 
En una taquería en el sureste tropical, la mesera se acerca y pregunta “¿Te traigo más cebolla mi amor?” el hombre mira sus tacos y corresponde a la amabilidad: “No mi vida, gracias”. Pongamos en contexto a estos dos, recordemos que en nuestra región se utiliza esta forma tan íntima en el lenguaje sin intención de intimidad real. Por otra parte, si los ubicáramos un siglo antes, empleando el mismo lenguaje, diríamos que están “haciendo el amor” pues se están hablando con palabras bellas, pero ¿hay en ellos un interés genuino? No, la realidad es que simplemente se trata de una charla cotidiana con expresiones de uso común.
 
Ya nos comenta Álex Grijelmo en “La seducción de las Palabras” como los vocablos además de significar también evocan, y  “Hacer el amor” en su representación de “Tener sexo”, es un uso que hemos tomado de la expresión anglosajona “To make love”, para significar algo tan práctico y fugaz como una relación sexual. Esta conversión me parece una de las pérdidas más tristes de nuestro idioma, aunque nada novedosa si hacemos una pequeña reflexión a los cambios históricos y culturales por causa de las influencias extranjeras.
 
El amor es una de las palabras más bellas del lenguaje, y en realidad, en otros idiomas tiene también un guiño propio tanto en su forma escrita como oral. Love, en el inglés, nos sorprende con una intensa pronunciación y una vocal que amplia y cálida que comparte el español “amor”, el italiano “amore” y el francés “amour”, en todas ellas la “o” tiene una carga en la pronunciación que evoca quizá las bellas palabras con las que, antaño, los amantes se hacían el amor.

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